Salud y Bienestar

La Navidad es una época de celebración, reunión con los seres queridos y de buenos festines. Aunque esto último, ha pasado a ser en los últimos años incluso algo negativo, y es que muchos de nosotros nos mostramos incapaces de resistirnos ante los manjares que nos proponen, sucumbiendo a sus encantos y acabando el año con unos cuantos kilitos de más.

El cuerpo humano posee la capacidad para mantener constante la temperatura corporal frente a situaciones de variaciones ambientales, pero esa habilidad innata, se va perdiendo conforme nos hacemos mayores. El adelgazamiento de la piel y la desnaturalización de los receptores cutáneos con el tiempo, obstaculizan la adecuada percepción de la temperatura.

El hecho de vincular la práctica habitual de ejercicio físico con el bienestar queda fuera de cualquier consideración de mito urbano. Cuando realizamos ejercicio de forma periódica nos sentimos mejor con nosotros mismos, según afirma la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en una encuesta realizada a los españoles, y esto no es casualidad.

La relación existente entre el estado de nuestro cuerpo y nuestra mente aparece en cada investigación que se realiza cada vez más fuerte y más asombrosa. Las enfermedades psicosomáticas están fundamentadas en este vínculo entre órganos y corazón; son las patologías que se manifiestan de forma física pero no tienen causa orgánica, sino psíquica.

El invierno nunca llega para quedarse, ni dentro de unos meses, ni dentro de unos días. El frío ya va copando la península, pero el tiempo es impredecible y nunca sabemos con qué tipo de día nos vamos a encontrar. De esta manera, salimos totalmente abrigados de casa para ir al colegio o a trabajar; al medio día, salimos de nuestros respectivos centros, el sol nos azota y comenzamos a desenfundarnos todo tipo de abrigos y prendas. Llegamos empapados y sofocados a casa, pero a la vez, sentimos escalofríos constantes acompañados de calor. Este es pues, el momento perfecto para hacernos con un buen resfriado.

La alimentación y consiguiente evolución desde la gestación del feto hasta aproximadamente los dos años de vida del niño se revelan como clave en el desarrollo de hasta las tres generaciones siguientes del bebé, según los datos presentados por “Consortium on Health Orientate Reserach in Transitonial Societies (Cohorts)” en  el XX Congreso Internacional de Nutrición en Granada.

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