Salud y Bienestar

Cuando pensemos en las uñas de nuestras manos como un elemento más de nuestro cuerpo, sin dotarlas de más importancia, estamos cometiendo un grave error. Nuestras uñas son una parte de nosotros muy susceptible de sufrir transformaciones y siempre están expuestas a actividades, hábitos y situaciones meteorológicas que las deterioran. Las uñas de nuestras manos son capaces de informarnos incluso si padecemos alguna enfermedad, cuando su crecimiento y desarrollo no se realizan con normalidad.

El tiempo apremia y más aún cuando debemos trabajar, llevarnos parte de este trabajo a casa y además, realizar las tareas domésticas. ¿A qué hora te levantas para que la mañana “te cunda” antes de irte a trabajar? O en cambio, ¿a qué hora te acuestas por las noches con el fin de hacer la comida del día siguiente y limpiar?

Las personas que deben cuidar de sus mayores de forma constante y durante periodos de tiempo continuados son susceptibles de sufrir patologías mentales y alteraciones físicas. Todos conocemos los problemas que la dependencia de un anciano pueden acarrear a los familiares si no se cuenta con personal especializado para su atención, pero pocas personas conocen que este conflicto posee ya un apelativo; es el llamado síndrome del cuidador.

Podemos definir una mala postura como cualquiera que fuerce nuestro cuerpo a adoptar una posición que resulte incómoda, que aumente la tensión muscular y provoque riesgo de compresión de los nervios de la zona de los hombros y del cuello. La habituación de adoptar unas malas posturas puede resultar muy perjudicial para nuestra salud y es capaz de afectar no solo a nuestro ámbito fisiológico sino también al mental, generando estrés y facilitando la aparición de patologías depresivas. La función de la columbra vertebral es la de proteger a la médula espinal, por lo que algunos traumatismos en esta primera pueden reducir nuestra calidad de vida de una forma drástica.

Los pies conforman, junto con la nariz y las orejas uno de los órganos que no dejan de crecer en toda nuestra vida. Además, los pies son una de las partes de nuestro cuerpo que se muestran más susceptibles a sufrir patologías desde que somos pequeños: su cuidado es vital para desarrollar una adecuada evolución, evitar malformaciones y enfermedades. Aunque a veces, el desarrollo de hábitos saludables no impide por completo que estemos exentos de sufrir dolores y otros problemas en nuestras extremidades inferiores.

Recurrir al servicio de un psicólogo resulta para muchas personas aún “algo de locos”. La vergüenza que surge por reclamar a estos especialistas es un sentimiento común pero ilógico. Nadie es “especial” por necesitarlo, de hecho, al contrario: según fuentes de la OMS (Organización Mundial de la Salud), entre un 20% y un 35% de pacientes que visitan al médico general cuenta  con algún trastorno de comportamiento.

Las plantas ya no son seres inertes que placen en rincones de nuestra casa y que “están por estar”. Tradicionalmente, el aliciente para comprar estos herbívoros ha sido la estética, y a veces y de lejos, un pequeño resquicio de conocimiento que nos hacía pensar que esos seres ayudaban a purificar el ambiente de nuestro hogar. Pues bien, las plantas poseen muchos más beneficios que la mera estética y la ambientación.

Todas las personas necesitamos un mínimo de tiempo de exposición al sol, puesto que es el principal proveedor de vitamina D, aquella que nos ayuda a absorber el calcio tan necesario para nuestros huesos. Pero esta necesidad de exposición es mínima en comparación con la que en realidad acabamos soportando.

La mayoría de personas acumulan entre el 50% y el 80% del total de exposición al sol a lo largo de toda la vida antes de cumplir 18 años.

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