Los niños y las enfermedades psicosomáticas.

Los niños y las enfermedades psicosomáticas.

CaroolLa relación existente entre el estado de nuestro cuerpo y nuestra mente aparece en cada investigación que se realiza cada vez más fuerte y más asombrosa. Las enfermedades psicosomáticas están fundamentadas en este vínculo entre órganos y corazón; son las patologías que se manifiestan de forma física pero no tienen causa orgánica, sino psíquica.

Todos hemos escuchado alguna vez a alguien con dolencias que visita al médico de forma constante sin ningún resultado que dilucide con claridad que le ocurre; y es que en realidad poseen un trastorno por somatización. Estas enfermedades aparecen aproximadamente en el 30% de las personas que acuden a las consultas en busca de un diagnóstico por patologías orgánicas o físicas, pero el colectivo el más susceptible es el de los niños y adolescentes.

Dichas patologías proliferan en los más pequeños como consecuencia del desconocimiento de mecanismos para canalizar emociones ante situaciones particulares y especialmente tensas como el divorcio de los padres, el ingreso en el jardín de infancia, fallecimiento de un ser querido, dificultad en la comunicación y marginación, personalidad débil e inseguridad, preocupaciones hipocondriacas fomentadas por los padres o preocupaciones excesivas, entre otros. También es común que el estrés ante una situación complicada, el pesimismo y la angustia de una madre se manifiesten a través del cuerpo del niño en forma de enfermedades psicosomáticas en lugar de aparecer mediante trastornos en la conducta.

EL abanico de síntomas que el pequeño puede padecer, es casi tan amplio como las causas que fundamentan este tipo de enfermedades. En un principio es común que se manifiesta mediante actos más puntuales y de menor importancia como vómitos, diarreas, falta de apetito, cefaleas…aunque también afecta sobre el rendimiento escolar disminuyendo la capacidad de atención, dificultando el aprendizaje y la habilidad para memorizar. Pero a la larga y si la enfermedad no se ve abordada y mitigada también pueden aparecer problemas respiratorios, como digestivos, dermatológicos, endocrinos, osteomusculares; enfermedades asmáticas, hiperventilación, taquicardias, hipertensión arterial incluso infartos de miocardio, parálisis, fibromialgia, desmayos, amnesia, hipersudoración, trastornos de dolor crónico, obesidad, diabetes, anorexia, hormigueos constantes en las extremidades, visión borrosa y miedo irracional a la luz (fotofobia)…y muchos más. También es posible la aparición de trastornos de comportamiento, agresividad, abuso de sustancias estupefacientes y alcohol.

Para reconocer la proliferación de estas enfermedades debe observarse que un niño o adolescente reitere los mismos síntomas en un órgano o padezca el mismo problema de manera continuada sin origen aparente y claro. Para diagnosticar el caso, es aconsejable acudir al pediatra sin descuidar este tipo de problemas puntuales.

El apoyo psicológico y continuado en los pequeños supondrá para ellos la salida de estas enfermedades tan complicadas. La visita a un especialista de forma continua aún sin apreciar ningún síntoma de está ni otras patologías es recomendable con el objetivo de vigilar la salud mental de nuestros pequeños;  ellos nos podrán aconsejar además acerca de las medidas para cuidar su “higiene mental”.

Recuerda que si necesitas los servicios de un psicólogo, Interdomicilio pone a tu disposición los servicios de expertos en el campo en tu mismo hogar.

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