Niños, ¿cuándo acudir a un psicólogo?

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Niños, ¿cuándo acudir a un psicólogo?

Es habitual que en ocasiones, los niños no se comporten como deben, o tengan problemas temporales de comportamiento, debido a situaciones de estrés u otros. Los trastornos de conducta son algo con lo que tenemos que tener cuidado, ya que pueden afectar negativamente tanto a su rendimiento académico como a su desarrollo personal.  En la infancia se crean los primeros vínculos afectivos y se tienen las primeras experiencias de la vida, de ahí la necesidad de evitar una relación conflictiva con su entorno o su aislamiento de este último. Estos problemas no son intrascendentes, sino que deben ser tratados por especialistas, los cuales pueden ayudar a los padres a aprender a establecer límites.

Hay casos en los que un mero cambio en el ritmo de las actividades puede solucionar el problema, en cambio, en otras ocasiones se requiere de un seguimiento en puntos específicos del comportamiento del sujeto. De esta manera se conocen las causas de dicho comportamiento y se determina un plan de tratamiento para resolver la situación. A continuación ponemos algunos ejemplos de situaciones problemáticas:

Depresión

La falta de madurez emocional de los niños los hace mucho más vulnerables y no siempre saben describir aquello que sienten, por ello, en el caso de los niños más pequeños este trastorno puede perjudicar gravemente su desarrollo emocional.

Las consecuencias de este sentimiento pueden ser variadas, comúnmente en forma de somatización, como por ejemplo de dolores físicos imprecisos, tienen una expresión triste o una escasa comunicación visual. También hay que prestar especial atención a si rechaza ir al colegio, no disfruta con jugando o no presta interés hacia su entorno. A estos síntomas se les suman la baja autoestima y la culpabilidad o la tristeza y llanto contante. Por ello los padres deben permanecer atentos y acercarse más a ellos para percibir estos síntomas y acudir a un psicólogo para ayudar al pequeño a salir adelante.

Divorcio

La ruptura matrimonial de los padres, sigue siendo una experiencia traumática para todas las partes involucradas. Supone una transición importante para todo el sistema familiar y no solo debemos centrar el foco de atención en el momento del divorcio, sino durante y después de dicha separación, ya que suele tener una serie de efectos negativos sobre el niño, como por ejemplo: la pérdida de confianza en la capacidad protectora de la familia, temor a ser abandonados por los padres, desarrollo de un intenso sentimiento de culpabilidad por la separación…

Con las medidas oportunas y el profesional adecuado se pueden aliviar las causas del estrés y el menor podrá ajustarse a la nueva situación, aceptando los cambios transcurridos en la estructura familiar. El psicólogo también podrá ayudar a los tutores a poner fin a disputas prolongadas por la custodia de los hijos.

Tartamudez

El lenguaje es nuestra herramienta principal para comunicarnos con nuestro entorno, pero en ciertas ocasiones puede verse afectado por la aparición de trastornos funcionales como la tartamudez. Tiene mayor influencia sobre los varones y se manifiesta, normalmente, entre los tres y los seis años.

Hay que hacer hincapié en que existen diferentes niveles y tipos de tartamudez, pasando por una disfluencia normal, cuando el niño está aprendiendo a hablar, hasta casos más graves, cuando la disfluencia del lenguaje se produce muy a menudo. En este último caso los niños se ven reacios a comunicarse por miedo a quedar en ridículo.

No hay que presionar al pequeño, sino que hay que dejarle hablar con tranquilidad, centrándonos en el contenido de lo que pretende expresar. El apoyo de un especialista le ayudará a enfrentar situaciones estresantes, a la vez que ejercitará su pronunciación mediante una terapia de lenguaje con la participación activa de los tutores.

Déficit de atención o hiperactividad

Cuando hay malas calificaciones se debe tener en cuenta la edad de ingreso en la vida académica del pequeño y su ritmo de actividad, ya que en ocasiones hay una excesiva demanda de actividades que saturan al alumno.

En cambio en otras ocasiones las malas calificaciones vienen causadas por problemas para mantener la concentración por tiempo prolongado. Muchos niños son inquietos por naturaleza y son diagnosticados erróneamente como hiperactivos, por lo que se necesita una evaluación del profesional para determinar qué tal alterado se encuentra su sistema nervioso.

La asistencia de un profesional le puede ayudar  a desarrollar habilidades para prolongar los periodos de atención y organizar sus actividades con la ayuda de una agenda diaria. Además podrá ayudar a los padres a comprender el problema y enfrentarlo de la manera adecuada.

Miedo social

Muchas veces los niños se muestran miedosos y temerosos a la hora de socializar con sus compañeros, por lo que hay que centrar la atención a su comportamiento. Hay que estudiar la situación en profundidad, así como la relación con sus padres y su entorno más cercano.

Solo contando con la participación activa de los progenitores del niño se podrá reconocer las dificultades, buscar soluciones y llevarlas a la práctica. Solucionar estos problemas es imprescindible para prevenir dificultades en el futuro, tanto a nivel individual como familiar.

 

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