Los nuevos esclavos del siglo XXI: los abuelos.

Los nuevos esclavos del siglo XXI: los abuelos.

canguroCon la acentuación de la crisis en la sociedad española y la continuada inhabilitación de horarios paternos de acuerdo con el calendario escolar, los abuelos se han convertido en lo nuevos cuidadores de los niños. Según la encuesta europea SHARE (Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe), más de un tercio de los abuelos se hacen cargo de sus nietos al menos una vez por semana en nuestro país. Estos datos que contrastan con los de los países escandinavos, cuya proporción de abuelos obligados a asistir a sus descendientes se reduce a la mitad, revelan que las estructuras familiares y las relaciones generacionales en el territorio español aún distan de parecerse a países con mayores índices de desarrollo.

Y es que el problema no radica en que los abuelos dediquen parte de su tiempo a atender a sus nietos, hecho que todos reconocemos como habitual y de manera voluntaria por parte de los mayores. La preocupación social se basa en que esta ayuda desinteresada pasa a ocupar el adjetivo de obligatoria cuando la conciliación laboral y familiar de los padres es inexistente. Los beneficios que se generaban para ambas partes de la unidad familiar en los encuentros se convierten en numerosos perjuicios tanto para la relación personal como para la salud de los abuelos.

El “Síndrome del abuelo esclavo” se define así como un trastorno que se manifiesta a través de síntomas como la depresión, el estrés o el insomnio aunque también puede acarrear otros problemas fisiológicos como hipertensión arterial, diabetes, taquicardias, palpitaciones, dolores en el pecho, debilidad persistente así como caídas fortuitas en los abuelos. Los ancianos deben asumir por otro lado el rol que pertenece a los progenitores directos, de forma que la relación entre los abuelos y los nietos se degenera; estan obligados a criarles, educarles y regañarles perdiéndose así el vínculo original entre ambos que se debería basar en comportamientos más relajados y permisivos.

La solución ante este problema cuyos casos parecen multiplicarse en los últimos años es sencillo: se deben espaciar los encuentros entre abuelos y niños, evitando así que estos lo perciban como una obligación y se vuelva a retomar el normal cauce de las relaciones interpersonales familiares. Y es que los beneficios que ambos integrantes adquieren en reuniones voluntarias son innumerables; de hecho, profesionales en el campo psicológico infantil afirman sin miramientos que el desarrollo de los niños asistidos por sus abuelos en edades tempranas es mayor que el de los que acuden a guarderías.

En el intento por no lastrar las ventajas obtenidas, las familias que sufran este problema o que pueden llegar a padecerlo, deben comenzar a plantearse como mejor recurso la contratación, aún a tiempo parcial, de una canguro que se ocupe de los más pequeños. Si esa es su situación, recuerde que Interdomicilio pone a su alcance personal cualificado en la asistencia de los niños que se ajusta a sus necesidades y a sus específicos horarios. Siempre a disposición de las familias y con objeto de mejorar su calidad de vida, la líder en prestación de servicios a domicilio facilita más que nunca el proceso de contratación y la garantiza la máxima confianza.

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